España es el segundo país de Europa en potencia instalada y el primero del mundo en potencia por habitante, con 75,2 vatios per cápita. El auténtico despegue de esta tecnología en España se produjo en 2008. Sólo en ese año se instalaron 2.715 MW, con un incremento del 500% respecto a lo instalado en el año 2007. La caída constante de los costes de los paneles fotovoltaicos, que día a día reflejan los efectos de las economías de escala y la mejoras en las curvas de aprendizaje tecnológico, se unieron al optimismo financiero, a la diversificación en las actividades de muchas empresas, y a los cambios normativos para empujar esta tecnología hasta cotas inimaginables apenas unos años atrás. Y no sólo en España. Europa duplicó ese año su potencia, con 4,6 GW añadidos, hasta conseguir que la fotovoltaica acumulada superase los 9,5 GW, según datos de EurObserv’ER.
En septiembre de 2008 se aprobó el Real Decreto 1578/2008, que establecía para la fotovoltaica un registro de preasignación de retribución y un cupo anual máximo de 500 MW. La nueva legislación pretende dar solidez y continuidad al sector, evitando altibajos que descontrolen el mercado, impulsar las instalaciones sobre edificaciones y dar una señal de eficiencia económica a esta tecnología.
El nivel de desarrollo alcanzado parece garantía suficiente para mirar al futuro y buscar nuevas formas de penetración de esta energía solar. Los costes de la tecnología fotovoltaica están disminuyendo a gran velocidad, hecho que puede permitir que juegue un papel importante en el marco del sector eléctrico español, en tanto que se desarrolle como sistema de generación distribuida o continua.
España siempre ha estado en primera línea en investigación fotovoltaica. Basta pensar que el Instituto de Energía Solar (IES), de la Universidad Politécnica de Madrid, un referente a nivel mundial, ha cumplido ya 30 años. Más reciente es el Instituto de Sistemas Fotovoltaicos de Concentración (ISFOC) de Puertollano (Ciudad Real), donde se agrupa el mayor parque mundial de plantas piloto de esta tecnología que utiliza células de muy alta eficiencia, con rendimientos que incluso superan el 40%. Sus investigadores son requeridos para participar en numerosos proyectos por todo el mundo.
Toda la cadena de valor
El sector fotovoltaico español cuenta con empresas que explotan toda la cadena de valor de esta industria, desde la fabricación de células a la promoción de parques, dentro y fuera de nuestras fronteras. De su fortaleza da idea el hecho de que son varias las empresas dedicadas en exclusiva a esta actividad que han dado su salto a Bolsa. Sólo la producción de polisilicio, fundamental para la fabricación de células cristalinas, ha resultado hasta ahora ajena, aunque ya se están produciendo movimientos empresariales en torno a diferentes proyectos para cubrir este hueco, que cuentan con el apoyo de la Administración.