En España se utiliza biomasa obtenida de muchas y muy variadas fuentes (astillas forestales, huesos de aceituna, cáscaras de frutos secos, etc) lo que asegura un suministro continuo y abundante en cualquier punto de nuestro país. Su aprovechamiento, tanto en aplicaciones térmicas (climatización, ACS o procesos industriales) como en centrales eléctricas, tiene indudables ventajas ya que además de sustituir a cualquier energía fósil, esto se realiza dando las mismas prestaciones de confort, sencillez y calidad, y generando un ahorro económico debido al menor precio de la biomasa frente a los combustibles convencionales. En este sentido el aprovechamiento de la biomasa procedente de restos forestales, especialmente de leñas, para usos térmicos es un elemento característico de España, líder europeo en los denominados “montes leñeros” cuyo uso principal es la producción de madera para energía.
En las aplicaciones térmicas se está produciendo en España el reciente pero vigoroso crecimiento de una nueva actividad económica en el ámbito de la producción de combustibles densificados (pélet principalmente). Numerosos industriales de distintos sectores de actividad están llevando a cabo inversiones que permiten estimar que la capacidad de producción se ha multiplicado por 10 en los últimos años, pasando de 60.000 t/año en 2004 a una capacidad de producción cercana a 600.000 t/año en 2009.
Por otro lado, las aplicaciones térmicas de la biomasa cuentan con suministradores de equipos que, especialmente en el rango de la pequeña y mediana potencia, comercializan tecnologías y potencias con una presencia relevante, especialmente en las exportaciones al continente americano. Un elemento que se considera clave para seguir avanzando en la presencia de la biomasa en aplicaciones térmicas es la actuación de las sociedades de servicios energéticos (ESCOS) que aseguren un buen diseño y mantenimiento de las instalaciones, garanticen el suministro de biomasa al usuario y lo hagan de una manera competitiva con otras opciones desde un punto de vista económico.
Muchos tipos de biomasa
En cuanto a aplicaciones eléctricas, en España se utilizan tanto subproductos de la producción de papel y pasta, de las diversas industrias de transformación de la madera y de la producción de aceite como biomasa procedente de cultivos energéticos o residuos agrícolas (paja, poda de olivo) o de nuestros montes. Entre todas suman una potencia instalada superior a los 400 MW.
El marco retributivo que podría permitir un crecimiento sustancial de las aplicaciones eléctricas de la biomasa es reciente (RD 661/2007) y prácticamente ha coincidido con la crisis financiera. No obstante estos proyectos deberán movilizar nuevos potenciales de recursos en los próximos años.
Por otro lado, diversas empresas españolas vienen realizado un relevante esfuerzo en el desarrollo en tecnología de gasificación de pequeña escala, lo que ha permitido las primeras realizaciones comerciales. Las ventajas de facilidades cuantitativas de abastecimiento, elevado rendimiento energético, óptima adaptación a la cogeneración y niveles de inversión relativamente bajos (y por tanto accesibles a muchos inversores), permiten prever un futuro esperanzador.
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